CURIOSIDADES HISTÓRICAS

El Museo Etnográfico de la Montaña de Riaño abre una sala dedicada al 'alimañero'

Durante siglos los cazadores de lobos, zorros, garduñas, el gato montés, el tejón, el turón, linces y águilas cobraban recompensas por cada pieza capturada, que mostraban con gran expectación en los pueblos. Los premios se prohibieron con las leyes proteccionistas de los años setenta del siglo XX, cuando se eliminaron también las juntas provinciales de extinción. El museo riañés recuerda esta peculiar figura con una recreación de Pedro Luís González Manuel para contar su historia.

Sala del alimañero Museo Etnográfico de Riaño
El alimañero del Museo Etnográfico de Riaño, realizado por Pedro Luís González Manuel.
ileon.com  | 20/09/2020 - 19:30h.

El Museo Etnográfico de la Montaña de Riaño continúa recuperando la historia y la cultura de la Comarca. En esta ocasión se inaugura una nueva sala dedicada al Alimañero.

La recreación ha corrido a cargo de Pedro Luís González Manuel, que con su hábiles manos ha dado vida a un alimañero cargando sobre sus hombros a un lobo. El personaje se dispone a recorrer los pueblos con su trofeo para recibir las limosnas de la población, después de haber cobrado la recompensa en metálico de su Ayuntamiento.

La figura del Alimañero viene de antiguo. En 1542, Carlos I dictó la primera ley sobre caza de predadores de la que existe referencia. En esta época la caza era un privilegio reservado a la nobleza, pero el rey no dudó en permitir que cualquier persona participara en batidas para exterminar a los lobos. Esta ley fijó una norma, vigente durante más de cuatrocientos años: la recompensa económica para aquellos que mataran una alimaña. Así surgieron los primeros alimañeros.

En el siglo XVIII, Carlos IV dictó una ley ordenando el exterminio de lobos y zorros, estableciendo el pago de 8 ducados por cada lobo, 16 si era hembra, 24 si la apresaban con la camada y otros 4 por cada lobezno. También se pagaban 20 ducados por cada zorro y 8 por cada cría.

En 1834 se publica un real decreto que amplía la lista de animales dañinos y al lobo y al zorro se les unen la garduña, el gato montés, el tejón y el turón. Se sigue pagando por cada animal muerto, pero se establece que el alimañero debe entregar las orejas y los rabos de los cánidos y las pieles del resto de animales. De esta forma se evita la picaresca de algunos cazadores, que presentaban el mismo animal muerto en diferentes pueblos, cobrando varias veces la recompensa por la misma pieza.

Leyes para cazar alimañas

En 1902 se publicó una nueva Ley de Caza. A la lista de alimañas se añaden nuevas especies, como el lince o las águilas. Así, se incentivó la figura de los alimañeros, personas extremadamente pobres que viajaban de pueblo en pueblo atrapando predadores y que, además de la recompensa, obtenían la limosna de la población.

En 1953 el Ministerio de Agricultura dictó un decreto conocido popularmente como "ley de alimañas". En él se ordenaba la creación de juntas provinciales de extinción de animales dañinos. Su función consistía en acabar con los animales a través de la figura del alimañero, oficializada por primera vez, dotándole de cierto reconocimiento social. Además de la recompensa, la Administración les facilitaba medios, como el veneno, para que pudiesen realizar mejor su trabajo.

Especies protegidas a partir de los años setenta

Afortunadamente, en la década de 1970, y cuando se estaba cerca de conseguir la total extinción de algunas especies, empezó a cambiar la forma de pensar de la sociedad y se publicó una nueva Ley de Caza en la que se introdujo por primera vez el concepto de "especie protegida".

Del mismo modo, se retiró la recompensa económica por matar especies dañinas y desaparecieron las juntas provinciales de extinción, acabando también con la figura del alimañero.

Todavía se recuerda en la Montaña de Riaño la figura del alimañero y para que este pecualiar personaje no se olvide, cobra vida en el Museo de Riaño.

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