Un equipo de la Universidad de León detecta con drones 1.200 kilómetros de canales romanos en la provincia

Un mapa con las minas romanas en el Noroeste de España. // ULE

Agencia DiCYT

Una investigación de la Universidad de León (ULE) publicada en la revista científica Remote Sensing muestra la utilidad de usar drones dotados con cámaras multiespectrales para obtener nuevos datos sobre la minería romana del oro en la provincia de León.

En comparación con los métodos tradicionales, este sistema aporta más información para entender la construcción de la mayor infraestructura minera conocida en Europa, una red hidráulica de unos 1.200 kilómetros de longitud compuesta por canales y estanques que se extiende por el occidente leonés y en la actualidad, en gran parte, está oculta por la vegetación.

“Cuando realizamos estos estudios tenemos un problema, la vegetación impide visualizar bien los conjuntos de interés”, explica a la Agencia DiCYT Javier Fernández Lozano, geólogo de la Escuela Superior y Técnicas de Ingenieros de Minas de la ULE y coautor del trabajo junto con Enoc Sanz Ablanedo, profesor del Grupo de Investigación en Geomática e Ingeniería Cartográfica (Geoinca), del Campus de Ponferrada de la ULE. Por eso, el uso de cámaras multiespectrales permite obtener información inédita de las infraestructuras mineras.

Lo habitual en estos estudios es utilizar la tecnología láser denominada Lidar (Light Detection and Ranging), que permite cartografiar el terreno desde aviones y cuyos archivos están disponibles en la página del Instituto Geográfico Nacional. Sin embargo, “este sistema tiene limitaciones, no está disponible en muchas zonas del planeta y a veces no tiene resolución apropiada”, señala el investigador. Aunque la señal llega hasta la superficie del terreno, en la actualidad hay tanta vegetación por el abandono del campo que su definición en algunas zonas no es buena.

Las imágenes multiespectrales, que ya están siendo utilizadas en la agricultura de precisión, ofrecen un mejor resultado. Gracias a ellas, los investigadores son capaces de identificar por dónde van los canales de agua y dónde están los estanques que fueron excavados hace dos mil años para las labores mineras. La clave está en la vegetación actual: “Jugamos con las distintas bandas del espectro electromagnético, de manera que obtenemos distintos colores en función del tipo de vegetación, no es lo mismo un arbusto que una planta con mayor frondosidad, generan índices espectrales diferentes y se nota sobre todo en verano debido al estrés hídrico”, comenta Fernández Lozano.

Los canales conservan mejor la humedad y, además, hay que tener en cuenta que los diferentes tipos de roca sobre los que fueron construidos influyen en la vegetación que puede estar creciendo dentro de estas infraestructuras. Por ejemplo, “los robles crecen con más humedad, en zonas que han generado huecos por resultado de la minería, y presentan un índice espectral diferente que los brezos o la hierba”.

Con este tipo de pistas, se puede seguir el trazado de las infraestructuras desde un dron, pero es importante conocer algunas claves. “El tipo de planta viene controlada por la geología. Por ejemplo, en rocas graníticas suelen crecer encinares. Donde hay rocas silíceas, como pizarras y cuarcitas, crecen los robles y pinos. En un canal hecho sobre pizarra, hay poco suelo para que se desarrolle una planta que necesita mucha raíz, como un roble, pero es fácil que se desarrolle un brezo o hierba”, apunta el investigador de la Escuela de Minas.

Por qué varía el ancho de los canales

Además, las imágenes de alta resolución que obtienen los expertos de la ULE permiten llevar a cabo un estudio de la morfometría de los canales y las características que presentan. Así, han podido constatar que la anchura de los canales varía, no sólo para mantener el flujo hidráulico (donde hay curva se hace más ancho para disminuir la velocidad del flujo, de manera que no se deteriore la construcción), sino también en función de las características geológicas del terreno.

“Hace unos años se pensaba que la dimensión de los canales dependía de la distribución de los recursos hídricos en la zona, pero hoy vemos que hay algo más, porque lo hemos estudiado en varios tramos. No es cuestión sólo de que haya más o menos agua, sino que las características geológicas del entorno han condicionado también la anchura y la morfología de los canales. Donde les costaba más excavar, picaron menos”, explica Fernández Lozano.

Esta nueva aportación al estudio de la minería romana en León, en realidad, supone confirmar la utilidad de un método que puede aplicarse para investigaciones arqueológicas en todo el mundo.

“Estamos abriendo un amplio abanico de posibilidades para el estudio geoarqueológico, sobre todo en algunas zonas del mundo menos estudiadas”, señala el investigador de la ULE, que cita como ejemplo una serie de canales que se extienden por todo el norte de África hasta el este de Asia y que, con más de 2.500 años de antigüedad, son obras mineras anteriores a los romanos.

La tecnología que están poniendo a punto en la ULE “aporta un granito de arena más” y contribuye a mejorar el conocimiento de este tipo de infraestructuras. Los cambios en el uso de los suelos o el avance de la vegetación impiden realizar este tipo de estudios de otra manera. El siguiente paso puede ser la incorporación de cámaras hiperespectrales a estos trabajos, una tecnología aún más avanzada.

___Referencia bibliográfica: Fernández-Lozano, J.; Sanz-Ablanedo, E. 'Unraveling the Morphological Constraints on Roman Gold Mining Hydraulic Infrastructure in NW Spain. A UAV-Derived Photogrammetric and Multispectral Approach'. Revista: 'Remote Sens'. 2021, 13, 291. https://doi.org/10.3390/rs13020291

https://doi.org/10.3390/rs13020291

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