ENTREVISTA

“No nos hemos tomado en serio las enfermedades infecciosas durante décadas”

La periodista de investigación Sonia Shah tiene una amplia experiencia en seguir la pista a epidemias. Estuvo en Haití en los inicios del brote del cólera, la bacteria SARM asedió a su propia familia y viajó a China en 2011 tras la pista de nuevos virus en mercados de animales. En su libro 'Pandemia' explora los orígenes de patógenos letales.

Sonia Shah, periodista de investigación de pandemias
Sonia Shah, periodista de investigación. // Glenford Núñez
Eva Rodríguez / Agencia SINC | 12/11/2020 - 20:00h.

Sonia Shah es autora de libros de ciencia, derecho y política internacional. En Pandemia. Mapa del contagio de las enfermedades más letales del planeta, reeditado este año por la editorial Capitán Swing, habla de que tratar la SARS-CoV-2 como una agresión extranjera o una guerra, sin darle el carácter social que implican las pandemias o sin hacer memoria de crisis pasadas, nos hará caer “una y otra vez”.

Shah arranca su libro con una reflexión sobre las profecías de las que se hacen eco los medios de comunicación sobre la Covid-19, como si se tratara de “una furia que surge de la nada”. También de cómo ha destapado, una vez más, la fragilidad y la gran desigualdad de la que adolece el mundo. Sin embargo, aunque los grandes titulares de prensa afirmen que este virus nos cambiará, para ella, “lo más llamativo de esta pandemia es lo extramente familiar que resulta”.

— Ha cubierto in situ grandes crisis sanitarias, como la epidemia del cólera en Haití, una enfermedad que actúa rápido y que ha causado miles de muertos. ¿Cuál ha sido la experiencia más difícil de cubrir para usted en este tiempo?

— Todas son situaciones complicadas. La gente sufre porque está enferma y tiene mucho miedo. Cuando estuve en Haití mis pensamientos eran muy viscerales, porque el contexto era deshumanizante y desmoralizante. Además, la cuestión de cómo asegurarte de que tú mismo no te conviertes en portador de la enfermedad siempre está presente. Estás viendo cómo se propagan los brotes y es algo de lo que eres muy consciente.

— Existe un debate social sobre si esta pandemia nos cambiará. En su libro asegura que esta crisis le recuerda a otras pasadas. ¿Cree que seguiremos actuando igual cuando logremos superarla?

— En la historia de las pandemias del pasado, lo que hemos visto es que tan pronto como somos capaces de controlar los peores efectos, volvemos a nuestra vida como de costumbre y seguimos haciendo las mismas cosas.

— ¿Tendremos que saber convivir entonces con estas enfermedades?

— La gran victoria de los patógenos, en particular los respiratorios, es que se valen de comportamientos que están muy arraigados en nuestra naturaleza humana. No vamos a dejar de tener relaciones sociales con los demás, es algo fundamental para nosotros. Un patógeno inteligente explota este rasgo porque le ayuda a seguir propagándose y circulando. Lo que sucede es que los domesticamos. Para ello tenemos algunos medicamentos y vacunas. De esta forma, desarrollamos la capacidad de vivir con ellos para que existan junto a nosotros.

— Dedica un capítulo al transporte y a la forma en la que los desplazamientos modelan las pandemias. ¿Cómo afecta esto a las medidas de prevención?

— En el caso de la covid-19 el transporte jugó un papel fundamental en los inicios de la pandemia, antes de que el virus se propagara por todas partes. Mucha gente se movió de una ciudad a otra antes de que se cerraran y millones de personas llegaron a Europa y a América portando el virus. El control de los viajes habría tenido un gran impacto si lo hubiéramos pensado desde el principio, pero no lo hicimos.

— En 2011, usted misma viajó a los mercados del sur de China para seguir la evolución del virus del SARS, en un momento en el que estaba a punto de desembocar en una pandemia. De hecho, provocó el cierre de los mercados de animales en el país. ¿Por qué no aprendimos de esa experiencia?

— Tengo la esperanza de que lo hagamos en el futuro. Hasta ahora veíamos a la mayoría de los patógenos infecciosos como fáciles de controlar. No nos hemos tomado en serio las enfermedades infecciosas durante muchas décadas, básicamente desde la Segunda Guerra Mundial, cuando se produjo el desarrollo de los antibióticos. Desde entonces se han tratado como algo trivial. La sociedad destina decenas de miles de dólares, por ejemplo, al tratamiento del cáncer para pacientes que están cerca del final de la vida. Sin embargo, apenas gastamos recursos desarrollando nuevos antibióticos o nuevos agentes antiinfecciosos que pueden salvar la vida a las personas durante toda su existencia.

— ¿Cree que la crisis de la Covid-19 podría cambiar el enfoque de la inversión en investigación para estas enfermedades?

— Es evidente que cambiar las condiciones que permiten que surjan nuevas vías de infección es mucho mejor y más barato que esperar a que se extiendan por todo el planeta para luego tratar de paliarlas. Es un problema complejo y perturbador, pero no creo que estuviera del todo claro hasta ahora. Incluso el zika o el VIH fueron señales de advertencia.

— ¿Qué opina de la actuación política en este sentido?

— Creo que en el futuro habrá más voluntad política para hacerlo. Los estados están haciendo un gran esfuerzo por financiar la investigación. A largo plazo, tendremos que ver si siguen aportando fondos a estos programas. Para atajar una vieja enfermedad como el cólera tuvieron que pasar décadas hasta lograr que nos organizásemos, limpiando las aguas contaminadas que provocaban grandes pandemias.

— ¿Por qué los sistemas de saneamiento del agua son un ejemplo de que ser solidarios con territorios desfavorecidos evita la propagación de enfermedades infecciosas?

— Hemos controlado ciertos patógenos en los países industrializados impidiendo que entren en nuestros territorios. Sin embargo, en otras partes del mundo siguen circulando libremente. El cólera sigue en Haití y otros patógenos continúan asolando diferentes zonas de África. Hemos marginado a los marginados en ciertas partes del mundo. Lo que ocurre en el caso de la covid es que no podemos hacer esto fácilmente. No es solo un problema de la gente pobre en los países en desarrollo. Hemos evitado hablar de cómo estas enfermedades continúan siendo mortales y poniendo en riesgo la vida de muchas personas todos los días. Lo que ha cambiado ahora es que la mayoría de nosotros, que vivíamos en el occidente industrializado y saneado, debemos preocuparnos por estos patógenos por primera vez. Teníamos el lujo de no hacerlo al tener agua segura, acceso a antibióticos y vacunas.

— ¿De qué manera las pandemias han aumentado las desigualdades sociales entre territorios?

— Ocurre como al principio con el VIH. Cuando surgió por primera vez afectaba solo a ciertas poblaciones que fueron marginadas. Hasta que se extendió o amenazó con extenderse a la sociedad en general no llegaron los avances farmacológicos y la inversión de dinero para saber cómo prevenirlo. Si solo afectara a las personas empobrecidas o a las comunidades marginadas no sé si habría habido la misma voluntad. Si te fijas en una enfermedad como la malaria, que sabemos desde hace décadas como prevenirla, todavía hoy la sufren cientos de miles de personas y decenas de miles de bebés mueren de malaria al año. Es algo que ni siquiera aparece en los periódicos de los países industrializados. En el caso de la Covid, hasta los presidentes de diferentes países se han infectado. Cuando las enfermedades infecciosas no afectan solo a la gente pobre es cuando ponemos el foco en ellas.

— Otra de las cosas que le preocupan de las enfermedades endémicas, como el paludismo, es que nos acostumbramos a ellas y perdemos el miedo. Las califica como peores que las epidemias…

— Sí, así es. Y creo que ya está empezando a ocurrir también con la covid. Estamos al comienzo de la pandemia, por lo que tal vez el cinco o el diez por ciento de la población ha estado expuesto al virus. Así que tenemos un largo camino por recorrer antes de que una vacuna nos exponga artificialmente y nos dé inmunidad.

— Respecto a estas vacunas, da ejemplos previos de otras enfermedades infecciosas, con campañas obligatorias y secretas con diferentes fines, o el caso de la poliomielitis, en el que el rechazo a la vacunación hizo que se extendiera más allá de Nigeria. ¿Qué espera que suceda en esta pandemia?

— Creo que lo primero que tenemos que hacer es construir un clima de confianza. Si no existe, la gente se resistirá a la vacunación. Existen territorios en los que durante décadas ha habido violaciones de los derechos humanos y transgresiones. Es lógico que en estas comunidades, la falta de información y de acceso a la atención médica hayan contribuido a que la gente desconfíe. Se precisa una vacuna eficaz y que mucha gente se la ponga. Tienes que actuar en naciones con circunstancias muy diferentes y de eso dependerá la cobertura para conseguir la protección como sociedad.

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