DÍA DE DIFUNTOS

Las campanas ya solo tocan a muerto, cada año con menos campaneros que las hagan tañer en León

Los pueblos de la provincia estaban comunicados desde mucho antes de que se empezase a hablar de telefonía fija, móvil o Internet. Los bronces son más que instrumentos musicales, fueron los primeros medios de comunicación locales que graban sus lenguajes en formato de vídeo o audio con la esperanza de que la Unesco los declare Patrimonio Inmaterial para perdurar en el tiempo.

Imagen de archivo del XXIX Encuentro de Campaneros de Villavante. // Peio García / ICAL .
Imagen de archivo del XXIX Encuentro de Campaneros de Villavante. // Peio García / ICAL .
Elisabet Alba | 01/11/2021 - 10:11h.

Mucho antes de que se empezase a hablar de la España Vaciada, de las quejas por el estado de las carreteras rurales por las que cada vez pasan menos vehículos, de si llega o no Internet a los pueblos, incluso si hay cobertura de teléfono móvil o línea de fijo, los pueblos de la provincia de León ya estaban conectados. Las campanas de las torres de sus iglesias eran más que instrumentos musicales, fueron sus primeros medios de comunicación.

Tres toques diarios marcaban el reloj y la vida de sus vecinos. El toque de alba o alborada, al amanecer, anunciaba un nuevo día de trabajo. A las doce de mediodía, el ángelus llamaba a la oración e interrumpía las labores para almorzar. Y al atardecer, el toque de oración invitaba al recogimiento, a volver a casa y dar gracias a Dios por otro día disfrutado.

A partir de ahí se creó todo un lenguaje en torno a las campanas. Cada localidad tenía unos toques diferentes, en función de sus necesidades. En los pueblos agrícolas había un toque de agricultura. Cuando parecía que amenazaba tormenta, el campanero escalaba hasta la torre de la iglesia y hacía tañer los bronces. " 'Tente nube', se le llamaba. ¡Y la gente la tarareaba! 'Tente nube, tente tú, que Dios puede más que tú' ", recuerda a ILEÓN una de las personas que más saben de toque de campana en la provincia, Jorge de Juan, miembro de la Escuela de Campaneros de Villavante. "¡Yo he visto tocar las campanas y dejar de llover!", asegura.

En los pueblos ganaderos, había dos toques de vecera. Uno a primera hora del día, en el que el pastor del pueblo pasaba casa por casa recogiendo las reses para llevarlas al campo y otro al anochecer cuando las devolvía. 'Lo que llevo, traigo; lo que traigo llevo'.

Perduran los toques a concejo, un semivolteo de una campana para llamar a los vecinos al lugar de costumbre a debatir los temas importantes del pueblo; el toque de fuego, "un toque muy sencillo que sabe hacer cualquier persona porque es un toque alarmante, para acudir a apagarlo"; y el toque de fiesta, "el de cualquier domingo o festivo, un toque para llamar a misa. Es el más bonito y el que tiene mayor variedad de ritmos".

Del lenguaje de las campanas, el toque que más se utiliza a día de hoy en los pueblos de León es el toque a muerto

Pero, sin duda, el que tristemente más se utiliza a día de hoy en los pueblos de León es el toque a muerto. Si el fallecido es un niño se toca el dambín: 'dambín, dambán al cielo vas'. "A diferencia del de adultos, el toque de niños no es triste. Lleva un ritmo lento pero no es pausado, lo que hace que sea como tierno. El de adulto sí es pausado y eso hace que sea un toque triste, porque se deja morir el sonido de la campana por sí mismo", explica De Juan. Tres posas (golpes con las dos campanas a la vez) si el fallecido es un hombre y dos si es mujer, para dar paso al toque de campana grande, más grave, si es un varón, o más pequeña y más aguda si es mujer.

Además, las campanas siguen sonando en momentos puntuales y reivindicativos. En Villavante, lo hicieron a finales de los 90 para pedir la liberación de Miguel Ángel Blanco; en plena pandemia de coronavirus covid-19 para agradecer al personal sanitario y las fuerzas de seguridad su labor en un momento de tanta incertidumbre y dificultad; y el pasado mes de diciembre lo hicieron como reclamo de la España Vaciada, para exigir que se tomen medidas para frenar el abandono de pueblos como el suyo.

La Fundación Cerezales Antonino y Cinia grabó un vídeo documental con algunos de estos toques de campana para dejar constancia gráfica de ellos. En las imágenes, cedidas a este medio, aparecen Lucas Sánchez, un campanero veterano, y Christian Fernández, un joven que hoy suma 30 años, que creció con el sonido de los bronces y ha querido seguir la tradición para subir al campanario cuando vuelve al pueblo.

Los toques de campanas en Villanueva del Condado from Fundación Cerezales on Vimeo.

El de campanero, un oficio llamado a extinguirse

Las campanas cada año suenan menos y para menos gente. Los campanarios leoneses se están quedando sin campaneros que anuncien su propia muerte. Otros son ya tan mayores que no se arriesgan a encaramarse a empinadas y estrechas escaleras que los lleven a lo alto de la torre. "Ya nadie vive de esto", lamenta De Juan.

"Antes era un oficio a jornada completa en las ciudades con catedral, como León, y a media jornada en los pueblos. Se remuneraba", y el elegido salía de la plaza. Los vecinos decidían en concejo quién hacía tocar sus campanas, que solía coincidir con "¡el que menos estuviera dispuesto a cobrar! Se buscaba la economía del pueblo".

El oficio, que es también un arte, de campanero ya no existe. Cada vez hay menos, porque se mueren

"Desde que soy pequeño hasta hoy ha descendido mucho el número de campaneros, porque se mueren. Es un oficio y un arte llamado a extinguirse". Por eso, desde Villavante se lucha para que éso no suceda. En 1986 se fundó una asociación comprometida con las tradiciones de León y una de las labores que asumió fue evitar que las campanas quedaran reducidas a un mero elemento decorativo de los campanarios. Fue entonces cuando se creó el concurso de campaneros que devino en un encuentro el Día de Santa Bárbara, abogada de las tormentas y patrona de los campaneros, que fue declarado Bien de Interés Turístico Provincial en 2013.

Además, se puso en marcha la Escuela de Campaneros que lleva unas 'campanas móviles' pueblo a pueblo para acercar los bronces a niños y mayores. Así, sin quererlo, los de Villavante se han convertido en "¡los campaneros de la provincia!", se sabe De Juan. Hay ya localidades en las que sus bronces han dejado de sonar pero les hace ilusión escucharlos en los días de fiesta. Entonces los llaman a ellos. En los últimos años se han desplazado a Salientes, Astorga, Santa Marina de Torre, Castrillo de los Polvazares, Manzaneda de Torío, Villamañín, Santa María de los Oteros o Toral de los Vados.

Ultiman ya la presentación de un CD, financiado por el Instituto Leonés de Cultura, con un registro de toques de campana, mientras siguen reclamando que sus sonidos sean reconocidos Patrimonio Inmaterial por la Unesco, para asegurar su perdurabilidad en el tiempo más allá del espacio.

 

Un campanero ensayando toques en la Escuela de Campaneros de Villavante.
Un campanero ensayando toques en la Escuela de Campaneros de Villavante.
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